Tradicionalmente es lo que los habitantes de los pueblos hacían. Se desplazaban a sus cooperativas de aceite con sus garrafas en aquella época de cristal, para «llenar».
El aceite era entonces «en rama», es decir, sin filtrar, turbio, con todos sus sabores y aromas, más fuerte que al que estamos actualmente acostumbrados.
De hecho, la mayoría debían tener un fuerte toque «rancio» debido a lo rudimentario del los procesos de antaño. Esta tradición se trasladó al comercio de calle con las sufridas garrafas de 5 litros que todos conocemos.
Son envases, en nuestra opinión, sólo para la restauración, o familias numerosas con consumo importante. El problema de estas garrafas es que se abrirán y cerrarán docenas de veces hasta que el aceite se acabe. Al hacer esto, dejaremos entrar el aire, y el oxigeno hará el resto…es decir oxidará el aceite y le cambiará poco a poco el sabor.
Por eso, las marcas de prestigio de aceite de oliva Virgen Extra evitan estos formatos, que ponen en peligro la